domingo, 12 de febrero de 2012

DE IGUAZÚ AL FIN DEL MUNDO

Introducción
Para todos aquellos que viajar es una pasión, su planificación es el objetivo que te llena la vida. Se invierte no tan sólo dinero sino una extrema dosis de ilusión. En este caso era también un reto dado la edad de los niños; Gabriel tenía 8 y Queralt, 3 años cuando decidimos cruzar Argentina.  Por ello, tuvimos que dejar pasar 3 años mientras ellos crecían y nosotros madurábamos, el cómo y de qué  manera.
La idea inicial era hacer las típicas escalas de aeropuerto en aeropuerto. Pero después de la experiencia en México con Yucatán Extreme, y dado que ellos iban a abrir ruta en Argentina, decidimos dejarnos aconsejar y realizar esta odisea en 4X4 acompañándoles en su expedición, ahorrándonos así las interminables esperas en aeropuertos, especialmente en los argentinos, famosos por sus retrasos y cancelaciones.  
Desde el primer momento teníamos claro que lo más importante no eran los destinos eminentemente turísticos si no el hecho de atravesar un país tan extenso; poder apreciar los cambios de paisaje, de climas e, incluso las variaciones de intensidad de la luz a medida que nos alejábamos del trópico y nos acercábamos a Pol Sur.
Este no es sólo un relato de un viaje; es una oda a una ilusión y, sobre todo, a la paciencia de dos niños que han demostrado ya, ser dos grandes viajeros.
Fecha
Del 1 al 23 de noviembre  2011
Itinerario
Día 1. Barcelona-Rio de Janeiro
Día 2. Rio de Janeiro
Día 3. Rio de Janeiro-Buenos Aires
Día 4. Buenos Aires
Día 5. Buenos Aires- Bahía Blanca
Día 6. Bahía Blanca-Puerto Pirámides
Día 7. Península Valdés
Día 8. Puerto Pirámides
Día 9.Puerto Pirámides- San Julián
Día 10. San Julián- El Calafate
Día 11. El Calafate                         
Día 12. El Calafate
Día 13. El Calafate-El Chaltén
Día 14. El Chaltén-Los Antiguos
Día 15. Los Antiguos -Esquel
Día 16. Esquel
Día 17. Esquel-Bariloche
Día 18. Bariloche-Guaminí
Día 19. Guaminí-Buenos Aires
Día 20. Buenos Aires-Iguazú
Día 21. Iguazú
Día 22. Iguazú
Día 23. Iguazú-Barcelona
Día 1. Barcelona-Rio de Janeiro
Como pasa con todos los destinos lejanos, el primer día es un inacabable viaje de Barcelona a  Río de Janeiro, haciendo una breve escalera a Roma.
Día 2 Rio de Janeiro
Llegamos de buena mañana a Rio. El cielo está prácticamente cubierto, hecho que rompe con la imagen que siempre hemos tenido de esta ciudad. Dado que disponemos de poco tiempo para visitarla, dejamos el equipaje en la Pousada y salimos a recorrer los tópicos imprescindibles para cualquiera que viaje a Rio: el Pan de Azúcar, Ipanema, Copacabana, el Corcovado... y el estadio de Maracaná. Queremos vivir el pálpito de la ciudad, por ello nos movemos en transporte público, como cualquier carioca más.
Día 3. Rio de Janeiro-Buenos Aires
De buena mañana nos acercamos  al barrio de Lapa para conocer el centro histórico de la ciudad; Los Arcos, el Teatro Municipal, la Biblioteca y también la nueva pero espectacular Catedral de San Pablo. Por la tarde cogemos el vuelo hasta Buenos Aires, esta vez con Aerolíneas Argentinas.
Día 4. Buenos Aires
En Buenos Aires nos alojamos en un céntrico hotel.  Nuestra intención es hacer una rápida visita a la ciudad para poder disfrutar  del espíritu bonaerense; el pintoresco barrio de Caminito, el nuevo Puerto Madero, la tristemente conocida Plaza de Mayo, Boca y su mundialmente famoso estadio de fútbol… Por la noche no podemos dejar de asistir a una milonga, no queremos una “turistada” y por eso buscamos una de las muchas donde va la gente de la ciudad a bailar el que posiblemente es, el baile más famoso del mundo.
Día 5. Buenos Aires-Bahía Blanca
Por fin llega el día esperado, tomamos posesión del coche que nos permitirá cruzar el país. Sentimos que finalmente empieza el viaje. Dado que nuestro primer destino es Puerto Pirámides, en Península Valdés, y nos separan 1300 km., nos ponemos en marcha a través de la Ruta 3, recorriendo 600 km hasta Bahía Blanca.
Pronto nos percatamos de una sensación que nos acompañara durante el trayecto hasta el Sur, y que en ningún caso hubiéramos podido imaginar aunque nos lo hubieran explicado. Dada la inexistencia de montañas, el terreno tiene tan sólo unas suaves oscilaciones que, unido a su despoblación, hace que durante cientos y cientos de kilómetros, la visión sea general y absoluta mires donde mires. Así, a medida que vamos avanzando, podemos ver todo un espectáculo en el horizonte, que más que un horizonte, es un gigantesco anfiteatro. Y así, simultáneamente, podemos admirar las cortinas de agua producidas por las tormentas al Este, mientras que el sol radiante brilla al Oeste formando gigantescos arco iris que empiezan a ras de suelo y sin desdibujarse un ápice,  vuelven a hundirse por el otro extremo, nuevamente a ras de suelo, en la inmensidad de este horizonte. Tenemos una visión de 360º. A medida que el día avanzaba, a la derecha admirábamos la puesta de sol, al mismo tiempo la luna hacia acto de presencia... . Impresionados por tanta grandeza, llegamos a Bahía Blanca, con ganas de acostarnos lo antes posible para poder salir pronto el día siguiente.
Día 6. Bahía Blanca-Península Valdés
Nuevamente en marcha, tenemos ganas de llegar a Península Valdés. Nos sorprende el hecho de que, a pesar de las grandes distancias a recorrer, los trayectos no están resultando en absoluto pesados; la principal razón es que las rutas argentinas que bordean la costa atlántica tienen unas rectas inacabables que nos permiten “devorar” kilómetros fácilmente y al mismo tiempo, poder admirar el paisaje. A medida que nos alejamos del Norte, las provincias se van volviendo más despobladas. Cosa inaudita para la mentalidad europea, pasamos horas sin ver ni un solo lugar habitado, ya no hablamos de pueblos.
Cómo ya veníamos preparados para tal eventualidad, traemos comida y  agua y sobre todo, tenemos la previsión de poner gasolina siempre que podemos. No tan sólo hay pocas gasolineras, si no que en muchas de ellas, cuando finalmente encontramos alguna, no hay gasolina.
Por la tarde llegamos a Península Valdés. Como en todos los parques naturales, los adultos tenemos que pagar entrada. Vamos directamente hacia Puerto Pirámides, un pequeño y acogedor pueblo de pescadores que en los últimos años ha conocido el filón turístico, del paso de la ballena austral, sin perder su encanto.
Día 7 Península Valdés
El principal atractivo de Península Valdés es su ecosistema. Unida al continente por el istmo Carlos Ameghino, es la reserva faunística más grande de Argentina; la ballena austral, los pingüinos, las orcas y los lobos marinos son los principales atractivos de la zona. Pero no son los únicos. De buena mañana nos pusimos en marcha dispuestos a recorrer la península. Desde Punta Norte a Punta Delgada, de aspecto desértico, es un área natural protegida dónde es fácil cruzarse con manadas de guanacos, zorros, choiques, además de los rebaños que pertenecen a las estancias rurales y campan libremente por el parque.
Cualquier desnivel del terreno es bueno para hacer una parada y observar la inmensidad del océano buscando las orcas acercándose a la playa para cazar focas o leones marinos. Y por supuesto, para divisar la estrella; la gran ballena austral. Patrimonio Natural de Argentina.
Día 8 Puerto Pirámides
Después de disfrutar de la zona por tierra, hoy nos disponemos a hacerlo desde el mar. Tanto por dentro como por fuera. Dado que las ballenas son el principal atractivo de la zona, tanto por el simple hecho de poder ver un animal tan espectacular como por la gran cantidad que hay en esta época en la península, queremos hacerlo no tan sólo por encima del agua; método habitual de avistamiento de las ballenas, en embarcaciones, sino también por debajo.
Poder convivir, ni que sea por un rato, en el propio hábitat de estos gigantes marinos, es una de los hitos de este viaje. Esta idea nos acompaña desde México después de la experiencia con el tiburón ballena y, aunque ya sabemos que, tanto la inmersión como el snorkel con ballenas está prohibido, lo que no va  contra de la ley es hacer inmersión a la bahía dónde, en esta época del año, hay contabilizadas 1.600, entre hembras y crías.
Su presencia en esta época del año en Península Valdés es precisamente la de fortalecer las crías y prepararlas por el inminente viaje en la Antártida a donde ya han llegado los machos. Por lo tanto, la bahía hierve de vida y posiblemente nunca volveremos a tener una oportunidad como ésta para poder bucear con ellas.
Día 9 Puerto Pirámides

Esta mañana se ha despertado gris y con el habitual viento que caracteriza la Patagonia, ahora entendemos porqué el encargado del centro de buceo nos ha citado a las diez y media. Necesitamos que el sol nos caliente puesto que el agua está a 11 grados. Me preocupa Gabriel, con tan sólo 11 años ha demostrado un admirable control bajo el agua, pero no está acostumbrado a esta temperatura. En cualquier caso, al igual que a nosotros, le puede el deseo y la inquietud por lo qué podamos encontrar. Y así, equipados con un simple “semi seco” dado que aquí no disponen de otro cosa, nos tiramos al agua. Enseguida me doy cuenta que aquello no será fácil. Está simplemente helada.
Comienza la inmersión. Acostumbrados a latitudes totalmente diferentes, el fondo marino nos sorprende por la diferencia de vegetación, y aunque no se caracteriza por un  exceso de vida, más propio de aguas cálidas, las formas de sus algas de grandes hojas no nos deja indiferentes.
De repente, el sonido de las burbujas de nuestros reguladores queda momentáneamente mitigado por un ruido estridente. Todos sabemos lo que significa; una ballena austral está cerca. A medida que seguimos ganando profundidad en la dirección de los sonidos que nos llegan, la temperatura sigue bajando y, a cada movimiento, el agua que se nos filtra, hace que nuestra temperatura corporal descienda. De repente la poca luz de aquellas aguas disminuye. Detrás nuestro, dos sombras; nos acercamos... y ahí están!  Una madre y una cría. Por encima de nuestras cabezas, nadan lentamente la una junto a la otra.                                                                                                                            En aquel momento el tiempo se para. Y se nos olvida el frío. Y prácticamente se nos olvida respirar.
Mientras observamos la magnificencia de sus movimientos;  tranquilos los de la hembra, juguetones los de la cría, sentimos que cualquier esfuerzo que nos haya costado llegar hasta aquí, a 20m bajo las frías aguas de la Patagonia, han valido la pena. Después de un rato observándolas, se alejan hacia la entrada de la bahía. Por otro lado, nuestra temperatura corporal que ha seguido bajando y nos obliga a finalizar la inmersión. Desgraciadamente tenemos que salir pero no nos importa pues hemos vivido una experiencia al alcance de pocos mortales.
Emergemos pues, pero todavía no ha acabado nuestro flirteo con las ballenas. La manera habitual de divisarlas en Península Valdés es adentrarse en la bahía en lancha. Así pues, a bordo de  una semi-rígida salimos nuevamente a disfrutar de ellas. Después de aproximadamente 15’ de navegación, los motores se paran y ... empieza el espectáculo : primero un lomo, seguidamente una cola, ahora una se acerca a la lancha, el sonido de los espiráculos cuando expulsan el agua ... mires donde mires, en una perspectiva de 360º , ballenas por todas partes ... El espectáculo es sobrecogedor. Una vez acabado el avistamiento desde el mar, nos preparamos para ponernos en marcha el día siguiente a primera hora de la  mañana.
Día 9 Península Valdés-San Julián


800 km en dirección Sur en dirección a El Calafate. Cada vez hay menos densidad de  población, en este tramo, prácticamente toda está concentrada en Comodoro Rivadavia. Ha sido un acierto traer comida y bebida. Al atardecer llegamos a San Julián.
Día 10. San Julián-El Cafalate

A pesar de que todo el mundo nos aconseja seguir por la Ruta 3 hasta Rio Gallegos (600 km hasta el destino), nosotros optamos para coger el atajo de la Ruta 9. Pronto entendemos porqué los argentinos lo denominan “la cortada” y sobre todo, porque a la entrada hay un cartel que pone “Carretera intransitable”. No es por terquedad, ni siquiera por los 300 km que nos ahorramos, pensamos que atravesar del atlántico a la cordillera andina por la carretera de ripio más salvaje de Argentina debe tener forzosamente grandes alicientes.      Y realmente, así es. Pronto nos empiezan a cruzar por la ruta las manadas de guanacos, que nos acompañarán todo el trayecto. Las vistas son espectaculares, más todavía cuando ante nosotros aparecen las montañas andinas.
Pero evidentemente también pagamos el precio de nuestro atrevimiento; la primera rueda pinchada.
Todavía nos quedan 200 km de ripio y, evidentemente ninguna “gomeria” donde arreglarla. Cruzamos los dedos...   El paisaje es cada vez más montañoso y radicalmente opuesto al que nos ha acompañado desde Buenos Aires.
Finalmente, aparecen las primeras casas de El Calafate.  Momento en que nos damos cuenta de que tenemos otra rueda pinchada...
Día 11. El Calafate
No queremos perder tiempo y salimos de buena mañana hacia  el glaciar Perito Moreno, del cual todavía nos separan 80 Km. El camino hasta el glaciar, bordeando el Lago Argentino es tan bonito que parece irreal. Pronto aparecen témpanos desprendidos de los glaciares flotando por el lago, un lago de un azul, que más que azul es turquesa, debido a lo que denominan “agua lechada”, o sea, el agua procedente del deshielo. Tan sólo quedan ya un par de curvas para poder ver el Perito. Nos cuesta mantener la emoción. Tanto tiempo esperando!
Pero precisamente por el tiempo que llevamos deseando verlo, queremos retrasarlo y darle un punto de solemnidad al momento. Así pues, dejamos el coche y empezamos a trepar una montaña cercana para intentar divisarlo desde lo alto. Media hora después, arrastrando a Queralt (pobrecita, tan sólo tiene 6 años) y arañados por la vegetación, obtenemos la recompensa: el llamado Velo de Novia de uno de los glaciares más famosos del mundo, se extiende ante nosotros. 
Y se nos llenan los ojos de kilómetros de hielo que ha formado parte de este paisaje a lo largo de los últimos 18.000 años. Este primer impacto es, definitivamente el más emotivo. Cuando un rato después seguimos hasta las pasarelas que recorren todo el frontal del Perito, podemos disfrutar larga y detenidamente de su majestuosidad. De los azules intensos fruto de los juegos de luz filtrándose entre el hielo. Del imponente crujido que llena el espacio en cada desprendimiento...
Pero aquella primera visión desde la cima de la montaña, formará parte para siempre de nuestro patrimonio personal. Momentos que perduran.
Día 12. El Calafate



“Navegación entre glaciares” es como se denomina el recorrido en barco que hemos elegido para este día.
Es la única manera de llegar a los glaciares de Upsala y Spegazzini. Este glaciar es el que tiene las paredes más altas de todos los del Parque; 136m de altura. Imponente. Pero más imponente es el desprendimiento con que nos obsequió en el mismo momento que nos situamos ante él. Todavía retumbaba  el trueno producido por el crujido del hielo al desprenderse,  a medida que las olas levantadas por el impacto del hielo mecían el barco como si se tratara de un pequeño tsunami.
Día 13. El Calafate-El Chaltén
Nos separan 200 km, siempre con las montañas de los Andes a la izquierda y bordeando el Lago Argentino y el Lago Viedma. Poco antes de llegar se ven las lenguas de dos nuevos glaciares vertiendo hielo al lago, mientras los cóndores sobrevuelan nuestras cabezas.
El Chaltén es un pequeño pueblo  fundado en medio del Parque Natural de Los Glaciares, al pie del Fitz Roy, el pico más conocido y principal reclamo de la zona por parte de los aficionados a los deportes de montaña. Por desgracia, cuando llegamos está totalmente cubierto por las nubes. Con la esperanza de despeje y podamos admirarlo ni que sea desde su base, nos dedicamos a recorrer el Parque Natural. Entre los diferentes atractivos naturales de la zona encontramos el Cerro Torre, el Campo de Hielo Patagónico, el Glaciar Piedras Blancas, el Glaciar Viedma y por supuesto, el Lago del Desierto. Toda la ruta transcurre resiguiendo el curso del serpenteante  Rio de las Vueltas. Aunque es el destino soñado por los amantes de treking y la escalada, el entorno del parque por sí solo tiene alicientes más que suficientes para quienes, como nosotros, tan solo quieran disfrutar del paisaje.
Día 14. El Chaltén-Los Antiguos
Hoy haremos el último tramo de ripio por la mítica Ruta 40. Y como no podía ser de otra manera, nos tenemos que despedir de manera sonada.
Salimos de El Chaltén con poca gasolina puesto que en la única gasolinera  del pueblo no hay “nafta”, como le dicen en Argentina. Nos comentan que a Tres Lagos, a 120 km., encontraremos, pero una vez ahí, tan solo  nos sirven 100 pesos dado que tienen poca y el resto la reservan para “la municipalidad”.    No llega a medio depósito y empezamos a preocuparnos pues en adelante no tenemos noticias de que se pueda encontrar otra antes de 300 km.   Unos 200 km. , más adelante y dado que estas rutas no se caracterizan por la cantidad de carteles indicadores, nos cruzamos con un camionero que nos comenta que si nos desviamos 20 km encontraremos una estancia donde tienen gasolina.      Cara o cruz. Si nos desviamos ya no tenemos posibilidad de volver atrás, pero es tanta la seguridad que muestra nuestro informador que decidimos hacerle caso.
Y llegamos a la estancia.   Y sí, hay gasolina, pero en un bidón cerrado en un armario.   Ni un alma en kilómetros a la redonda y un cartel que dice  Vuelvo en unos días”. Ante la disyuntiva de sentarnos a esperar, seguir el viaje a pie o intentar coger la gasolina, nos decidimos por esta última opción. Forzando un poco la puerta del armario, conseguimos sacar el bidón. “Nos servimos”  y dejamos el dinero equivalente esperando que cuando vuelva el dueño se haga cargo de que ha sido un caso desesperado.
Sin más trabas llegamos a Los Antiguos, un bonito pueblo al pie de otro lago,  el Buenos Aires, justo en la frontera con Chile.

Día 15. Los Antiguos-Esquel
Seguimos paralelos a los Andes atravesando un mosaico de lagos que nos acompañarán hasta el norte del país. Después de 800 km por la Ruta 40, ahora ya asfaltada, llegamos a Esquel. Es una tranquilla ciudad turística, punto de partida de las rutas de autobuses que van a Península Valdés, El Calafate, Bariloche. .. Al igual que todas las pequeñas ciudades argentinas, no hay ningún edificio de más de un piso de altura. El terreno no es problema para los argentinos y por tanto, son poblaciones que se esparcen en horizontal y no en vertical, donde las calles son anchas, rectas y de fácil orientación. Nos  instalamos y aprovechamos para planificar el plan del día siguiente.
Día 16. Esquel
Queremos tener una vista general de los alrededores y la queremos tener de manera distinta: a bordo del “Viejo Expreso Patagónico” o también conocido como “La Trochita”, una auténtica reliquia a vapor que antiguamente atravesaba la provincia de Chubut y que actualmente hace el recorrido Esquel-Nahuel Pan, un poblado de los originarios habitantes de estas tierras, los Mapuches. Vale la pena, no tan sólo por el recorrido en sí, si no porque el tren, tanto por dentro como por fuera es originario de principios del siglo pasado.
Por la tarde, decidimos hacer una cabalgada por las cercanías y poder admirar la zona desde uno de los cerros que rodean la ciudad. Aunque no nos da tiempo, hay la posibilidad de hacer rutas a caballo de todo el día, en este caso, cada cual de los jinetes lleva una parte de lo que será un típico churrasco para comer. En el más puro estilo gaucho.
Día 17. Esque-Bariloche
Por desgracia el siguiente destino, Bariloche y el famoso Cerro Tronador tiene que ser pospuesto  para una próxima ocasión. Las cenizas del volcán chileno Puyehue llenan un radio de más de 200 km, haciendo la zona poco aconsejable (y prácticamente invisible) especialmente para los niños. Así pues, tenemos que seguir camino sin ni tan solo parar.
El paisaje que se intuye bucólico, se nos muestra siniestro, la sensación es de estar inmersos en una niebla espesa, de circular por una carretera donde hace unos días nevó y los laterales de la calzada se tiñen de nieve ennegrecida por el tránsito, pero el aire es seco y no podemos evitar parar para tocar esos montículos grises, su tacto es similar al talco, nos entristece pensar cómo puede llegar a afectar todo eso en el ecosistema.
Dejamos atrás los andes y la espesa nube de cenizas, volvemos a estar en La Pampa, el horizonte se trasforma, y aquella visión de inmensidad vuelve a mostrarse ante nosotros, averiguamos donde están las estancias y poblados buscando peñas arboledas en la distancia.
El terreno es árido, pero finalmente llegamos al oasis que estábamos buscando, La casa de Piedra, donde pasaremos la noche.
Día 18. Bariloche- Guaminí
Antes de continuar el viaje, dirección Buenos Aires, nos deleitamos con la visión del lago artificial más grande de Argentina. Este emplazamiento fue construido con el fin de ser el portal de la Patagonia a los lagos del sur. Se nos hace curioso observar como en un lago, la playa está plagada de sombrillas más propias del Caribe que de estas latitudes y que unos de los deportes en auge es el kitesurf.
Continuamos atravesando La Pampa, ahora ya más verde, hemos dejado atrás las áridas tierras de la Patagonia y disfrutamos a ambos lados de la carretera de verdes prados que se pierden en el horizonte, tan solo las arboledas que delimitan el cauce del río nos impiden ver más allá.
Finalmente llegamos a nuestro destino, Guaminí, capital del pejerrey, nos encontramos en una zona de lagunas enlazadas donde la pesca del pejerrey es el deporte de la zona. En las orillas de la laguna volvemos a sentirnos como si estuviéramos frente al mar .
Día 19. Guaminí-Buenos Aires
Último tramo del trayecto en coche. Es curioso como después de darle la vuelta a  Argentina, y estando a punto de cerrar el círculo, las vistas nos siguen impresionando. No sé si por la tristeza de que el viaje llega a su fin, pero aun viendo los mismos paisajes que nos deslumbraron  en nuestra llegada, seguimos diciendo mira allí, has visto ese cielo?, fíjate que visión..., es impresionante tanta grandeza.  


Día 20. Buenos Aires-Iguazú
Hay que asimilar todo aquello visto y vivido, y también hay que acabar el viaje con un destino que esté a la altura. Por eso hemos elegido  Iguazú. Tengo que reconocer que, a pesar de ser consideradas unas de las 7 maravillas naturales del mundo, me sentía reacia dado que estos lugares eminentemente turísticos siempre me despiertan inquietudes.
Pero en este caso no fue así.   En el mismo momento en que bajamos del avión ya sentimos en la piel que estábamos al trópico.    La intensidad de la luz, la humedad del ambiente, la exuberancia de la vegetación, los sonidos de los pájaros ... El día era espléndido y nos dirigimos hacia Puerto Iguazú, en la parte Argentina. Un pueblo de tierra más que cobriza, puramente roja y que, evidentemente, vive exclusivamente del turismo. A pesar de todo, quizás debido a la época, no teníamos la sensación de “turistada”. Nos situamos, estudiamos posibilidades y decidimos el plan a seguir durante los 2 próximos días.
Día 21. Iguazú.  Lado argentino
A primera hora cogemos el autobús hacia el Parque Natural. En media hora de camino llegamos, pagamos la obligada entrada por los adultos y empezamos el recorrido. Hay dos posibilidades de recorrer el parque. A pie por los senderos o bien en un tren que hace el recorrido interior. También puedes combinar las dos opciones. Este día no hace sol y es muy agradable andar, pero tenemos que reconocer que en pleno verano debe ser muy cómodo tener un transporte que te lleve de un lugar a otro dado que el Parque es muy extenso. De hecho, hay que dedicarle todo el día.  
Nuestro primer destino es la Garganta del Diablo. El salto estrella por excelencia . Y una vez más nos tenemos que rendir a la evidencia; es magnífico.
La perspectiva es única; situados al mismo nivel donde empieza el salto, la idea que me viene a la cabeza es la antigua creencia de los “navegantes y los abismos” pues la tierra se abre literalmente ante nosotros y el río  Iguazú, entero, se desploma 82 metros más abajo. Se te corta el aliento y te faltan ojos para poder apreciar tanta belleza. Y piensas que ya no puedes ver nada mejor y que tan sólo por este espectáculo ha valido la pena venir hasta este recóndito lugar de la región de Misiones. Pero pronto te das cuenta que también los otros saltos, 274 en total, desde cada una de las perspectivas, merecen la consideración de Patrimonio Natural de la Humanidad.
Día 22. Iguazú.  Lado brasileño
Pero esto no es todo. Todas las noticias previas a nuestra visita en esta zona apuntaban a que la “zona brasileña” era menos interesante. Más panorámica pero con una visión más lejana. De hecho, hay mucha gente que tan sólo visita el parque natural argentino. Qué gran error. Y qué grata sorpresa tuvimos cuando llegamos a este parque.
A pesar de que todo el día estuvo lloviendo como tan sólo sabe hacerlo en el  trópico, nos quedamos una vez más embobados por el espectáculo. Pero no tal sólo el paisaje nos dejó impresionados. Aquí, los brasileños nos obsequiaron con un constante paseo por pasarelas que llevaban directamente encima de los saltos; LITERALMENTE TE SITÚAS ENCIMA DE ELLOS.
Así, no tan sólo la naturaleza hace del lugar un espectáculo irrepetible, la mano del hombre se encarga de hacerte vivir desde una perspectiva no apta para todo aquel que tenga el más mínimo atisbo de vértigo.  Así pues, hemos acertado.  Iguazú ha sido el broche de oro para un viaje tan largamente esperado.

Del Trópico al Fin del Mundo. Atravesando las regiones de La Pampa, Rio Negro, Chubut, Santa Cruz...
Del Fin del Mundo a Iguazú. Buscando ballenas, navegando entre témpanos, lagos y glaciares...

Tres años imaginándolo, veintitrés días para vivirlo y el resto de nuestras vidas para recordarlo.

sábado, 11 de febrero de 2012

Relato Aventura Maya

PENÍNSULA DE YUCATÁN: CARIBE, MAYAS Y TIBURONES

Cuando me propusieron la posibilidad de hacer este viaje me mostré  escéptica. La razón era el preconcepto que  tenía de la zona: eminentemente turística. Y yo, por principios, huyo de las zonas llamadas turísticas. Pero di una oportunidad a mi interlocutor cuando me describía una Península de Yucatán que nada tenía que ver con la imagen que yo me había fabricado. No me hablaba de hoteles “todo incluidos”, ni de playas privadas, ni de masas de turistas con vermudes floreadas... Más bien todo al contrario. Y así, entre extrañada y medio incrédula, me dejé tentar por el relato de un lugar donde los mayas  todavía viven en un mosaico de poblados en plena jungla, donde el Caribe baña su litoral inventando azules imposibles y donde un pez de medidas impensables te permite nadar con él…
Y una vez más, me di la oportunidad de dejar que la vida me sorprendiera.

Mi más sincero agradecimiento a http://yucatanextreme.com 
Sin su inestimable ayuda no lo habríamos conseguido.

Del 29 de Julio al 12 de Agosto

Dia 1: Barcelona-Cancún-Puerto Morelos
Dia 2: Puerto Morelos – Playa del Carmen – Puerto Morelos
Dia 3: Puerto Morelos – Cenote Kin Ha – Isla de Holbox
Dia 4: Holbox
Dia 5: Holbox – Rio Lagartos – Chichén Itzá
Dia 6: Chichén Itzá-Cobá
Dia 7: Cobá-Valladolid-Akumal
Dia 8: Akumal
Dia 9: Akumal-Mahahual
Dia 10: Mahahual
Dia 11: Mahahual
Dia 12: Mahahual – Laguna Bacalar - Mahahual
Dia 13: Mahahual – Punta Allen – Playa del Carmen
Dia 14: Playa del Carmen
Dia 15: Playa del Carmen – Cancún – Barcelona





Día 1: Barcelona-Cancún-Puerto Morelos

Para todos aquellos que alguna vez habéis cruzado el océano no hay mucho a destacar de este día, excepto que la emoción y las ganas de llegar superan cualquiera de las muchas incomodidades que representa un viaje transoceánico. Personalmente el que más me gusta de este día es,  cuando finalmente; cansado, mal dormido y ya por fin con posesión de tus enseres, superas las puertas del aeropuerto de destino y ……….. siiiiiiiiiiiiiiiiiiii, la oleada de calor y humedad te confirma que ya has llegado al Trópico.
Recogemos nuestro vehículo con la esperanza de que sea tan resistente cómo hemos pedido. Lo necesitará ¡!!
Nos dirigimos hacia Puerto Morelos, en dirección contraria en Cancún. Dejamos allá los tópicos de los enclaves turísticos para quienes le gusten. Nosotros hemos venido busca del auténtico Yucatán. Así pues, llegamos a nuestro destino, tomamos posesión de unas cabañas a pie de playa y salimos en busca de un lugar donde cenar.
.

Día 2: Puerto Morelos – Playa del Carmen – Puerto Morelos

Al día siguiente nos despertamos temprano totalmente deslumbrados. Parece que aquí los días se estrenan con intensidad dada la luz que hay ya a estas horas. Una invitación a la vida. Nos dirigimos a Playa del Carmen.  Sin ningún edificio de más de dos plantas, Playa –como le denominan los mexicanos- se extiende paralela a la costa a medida que crecen las nuevas necesidades de vivienda, reservando la zona central para los trámites comerciales; cambio de moneda, compras... Es agradable pasear buscando un lugar donde saborear los primeros “burritos”, incluso bajo la lluvia que ha empezado a caer y que, como siempre pasa por estas latitudes, no influye en nada en la cotidianidad de la gente.

Día 3: Puerto Morelos – Cenote Kin Ha – Isla de Holbox

Después de desayunar delante del mar, emprendemos camino hacia el Norte, hoy nos adentraremos por primera vez en la jungla. Una vastísima extensión de vegetación tan sólo accesible por pequeños senderos. Y a través de ellos nos lanzamos al encuentro del primer cenote, el Kin Ha.
La palabra cenote proviene de los mayas y significa “caverna con agua”.  Son, literalmente, agujeros circulares que debido a la filtración de las aguas, han formado miles de piscinas naturales en toda la Península de Yucatán. Según la antigüedad del cenote, la cúpula ha colapsado o tan sólo lo ha hecho a medias. Es frecuente pues, encontrar en plena jungla pequeños agujeros que, una vez  se accede a ellos, resultan ser verdaderas piscinas subterráneas. Este es el caso del Kin Ha. Alejado de todo circuito turístico, desde la superficie tiene una abertura de tan sólo un par de metros. Pero cuando desciendes a él a través de una sencillísima escalera de madera, tienes la sensación de   en penetrar en otra dimensión; la luz intensa se transforma en penumbra, la humedad en frescura, los sonidos de los animales, en silencio. Tan sólo iluminada por la claridad que penetra por la obertura del techo, las raíces que caen en vertical en forma de liana le dan un aspecto salvaje y espectacular a la vez; el agua, de un verde intenso, es limpia y se adivina fría, así pues, a pesar del respeto que de entrada nos ha provocado este lugar, nos lanzamos de cabeza. Primero tímidamente, después encantados,.. finalmente, y con ayuda de las lianas, nos animamos a emular a Tarzán ...
Después de tan refrescante e inesperada sorpresa, seguimos atravesando la jungla. El camino es poco más ancho que el coche, parece que la vegetación se nos quiere tragar. De vez en cuando, atravesamos algún poblado maya; tan sólo cuatro cabañas camufladas entre los árboles y la habitual curiosidad de los niños son los únicos elementos que denotan su presencia. Y seguimos avanzando entre saltos y baches ...   Dos colores predominan por todas partes; el rojo cobrizo de la tierra y el verde de la vegetación. Pero no son los únicos; a menudo el camino está cubierto de un manto de color amarillo intenso, que a medida que el coche se acerca, súbitamente alza el vuelo como un suave velo dorado. Miles y miles de mariposas amarillas que tapizan el camino le confieren a este lugar una apariencia de edén.      A primera hora de la tarde llegamos a Chiquilá, donde nos preparamos para coger el barco, única manera de llegar a la Isla de Holbox.

Día 4: Holbox

Enamorarse no es un sentimiento exclusivo hacia las personas. También te puede suceder por un lugar. Os lo digo por experiencia pues a mi me pasó en Holbox.
Y al igual que puedes sentir atracción o rechazo por otro ser humano sin saber muy bien porqué, también puede suceder cuando pisas un lugar por primera vez. Te sientes bien, acogido, sereno... o no.  Yo en Holbox hubiera lanzado el ancla de mi vida. Son 42 km de largo y 2 de ancho, mar a ambos lados, sin coches, ni asfalto, ni teléfono, ni bancos, ... parece que el tiempo se haya detenido y te ofrezca la oportunidad de hacerlo a ti también. Es una sensación que te penetra por piel, no por la razón. Pero aparte de cómo yo me sentí en la isla, ésta tiene atractivos de sobra por sí misma. Y su atracción estrella es el paso entre los meses de junio y septiembre del tiburón ballena por sus aguas.

Así, de buena mañana, nos embarcamos para salir a su encuentro. Pronto empezamos a disfrutar de trayecto cuando aparecieron los primeros delfines a nuestro alrededor. Salían del agua en grupos de 4 o 5, venían literalmente a nuestro encuentro. Nos acompañaban y nos seguían alegres y bulliciosos,  provocando la admiración de los grandes. Imaginad la de los niños ! Pero, más espectacular aún fue la aparición de las mantas voladoras y sus impresionantes saltos alrededor de la barca.





  Inmensos seres emergiendo repentinamente del agua, como sí de fantasmas se trataran …
Era como si toda la vida que había bajo el agua, se esforzara para darnos la bienvenida.
Y así alucinados, avistamos el primer tiburón ballena…
Fue un momento de gran impaciencia. Todos los que estábamos en la barca nos habíamos desplazado a aquel remoto lugar esperando este momento. Para los neófitos, se trata de un pez que mide entre 15 y 18m., inofensivo pues se alimenta de plancton y por lo tanto, no representa ningún peligro por los humanos. Y nuestra intención era compartir su espacio y sobre todo, nadar con él.
No podíamos contener más la emoción y en el mismo momento en que el capitán nos autorizó, nos lanzamos al agua. Y fue este uno de aquellos momentos que se te quedan grabados a fuego en la memoria, como una imagen a cámara lenta. Imborrable. Intentaré explicarlo:
El momento que atraviesas el agua es de desorientación mientras no vuelves a situarte y desaparecen las burbujas que te impiden ver alrededor; pero en el momento en que todo se normaliza, abres los ojos y ves el espectáculo que se muestra delante de ti, no te lo puedes creer.
A escasos metros, tan escasos que con sólo alargar la mano puedes tocarlo, hay un ser de dimensiones inimaginables, más que rodeado, envuelto de peces y rémoras de una medida excepcional que lo acompañan en su viaje inacabable, como una corte a su soberano. Es un conjunto de vida, un ecosistema por sí mismo, un pequeño milagro convertido en realidad ante tus ojos incrédulos.
Y no sabes que es más importante en aquel momento; si seguir mirando, si nadar a su lado para intentar perdurar este momento o si volver a respirar, cosa que se nos ha olvidado desde el momento en que lo hemos visto. Y haces el que puedes, y lo haces todo a la vez. Y así, a pesar de que sus movimientos son lentos y pausados, poco a poco  te vas quedando atrás.
Resignados volvemos a la barca.
Nos volvemos a acercar y saltamos de nuevo.
Repetimos tres veces la operación,  ¡ y las que lo hubiéramos hecho ¡
Anecdóticamente diré que la última vez que nos lanzamos al agua, Gabriel que tan sólo tiene 11 años, tuvo la “buena suerte” de saltar delante del tiburón en el momento en que este abría la boca … Nunca olvidaré su cara cuando salió a la superficie ¡!!!
Podéis imaginar que experiencia para un niño de esta edad ¿??
De hecho, que experiencia para cualquier edad  

De regreso, parecía que el capitán se emperrara en querer hacer que Holbox fuera realmente inolvidable para nosotros y paró en el que creo, es el lugar más bonito del mundo …
Se desvió de la ruta y se adentró en una zona de playas de arena blanquísima donde el agua no te llegaba más arriba de la cintura y sus tonalidades parecían irreales. Allá nos paramos un rato para degustar un fantástico “ceviche”.
No nos habíamos  dado ni cuenta que estábamos hambrientos …

Día 5: Holbox – Rio Lagartos – Chichén Itzá

Por desgracia toca dejar la isla.
Pero no tenemos motivos para estar tristes puesto que el viaje no ha hecho más que empezar, por lo tanto nos ponemos en marcha hacia Río Lagartos.
Recorremos 60 km paralelos  a la costa del Golfo de México sin poder apartar los ojos del mar. Qué colores …
La Reserva de la Biosfera de Rio Lagartos es el santuario para la procreación y anidamiento del Flamenco Rosado Americano que, juntamente cono otras 320 especies de aves hacen de la Reserva su hogar. Al combinarse una zona de humedales y bosque subtropical, se encuentran también cocodrilos y diferentes especies de tortugas además de armadillos, mapaches, panteras y jaguares.

Según la época del año, la Reserva está llena de flamencos,  18.000 aproximadament. Otra peculiaridad de esta zona es que el agua está llena de pequeñas gambas que son la base de la alimentación del flamenco y que le confieren una tonalidad rosada. Imagináis pues, qué contraste cromático; la arena blanquísima, el agua rosada, y entre la línea del mar y el horizonte, la aglomeración de  flamencos.
¿Poco más a añadir, no?    Un espectáculo para los sentidos ..

Y seguimos avanzando, parando aquí y allà, tras cada curva hay un motivo para deleitarse.
A mitad de camino paramos para almorzar en Las Coloradas, un pequeño pueblo que vive de la pesca y de la extracción de sal, el único bar del pueblo nos ofrece pescado guisado al más puro estilo maya.
 Finalmente, a media tarde, llegamos a la zona arqueológica de Chichén Itzà.

Día 6: Chichén Itzá - Cobá

Por la mañana, sin prisa, nos dirigimos hacia esta joya de la cultura maya.
 Aunque no he sido nunca una “devoradora de piedras y museos”, me gusta aprovechar los viajes para ampliar conocimientos, del tipo que sean. Y también me gusta que mis hijos puedan ver y conocer civilizaciones tan diferentes de la nuestra, que a pesar de haber sido tan importantes, han desaparecido. Un toque de atención a la frecuente arrogancia humana …

Poca cosa sabía yo de la cultura maya hasta llegar a Chitchén Itzá. Los tópicos que todo el mundo conoce. Y tengo que reconocer que me pareció interesantísimo.
Así pues, a título de resumen; Chichén Itzá es una de las ciudades más importantes de la civilización maya, muy visitada por sus excepcionales ejemplos arquitectónicos y ha sido considerada por la UNESCO Patrimonio de la Humanidad. Desde el 2007, es considerada una de las siete nuevas maravillas del mundo.
Por la tarde nos dirigimos a Cobá.

Día 7: Cobá-Valladolid-Akumal    

Aviso que no seré parcial.   Cobá me encantó.
Se trata de un yacimiento arqueológico de gran importancia, que en su momento de máximo esplendor, tuvo una población de 50.000 habitantes y una extensión de 80 km cuadrados. Una verdadera joya de la cultura maya precolombina. Pero más allá de su valor cultural incuestionable, recorrer Cobá es una delicia.
En primer lugar, no tiene la suerte de estar tan protegida como Chichén Itzá, esto significa que está en un estado de deterioro que le otorga (desde mi punto de vista) un encanto especial.
Más virgen, menos intervenida.
En segundo lugar, está totalmente inmersa en la vegetación de la jungla. Esto hace que su recorrido sea fresco y agradable. Por cierto, dado que se trata de una zona muy extensa, en la entrada puedes alquilar una bicicleta para recorrer toda la zona. Divertidísimo.     Además, la fauna de la zona, como por ejemplo los monos, hacen su aparición por los caminos cuando menos te lo esperes.
En tercer lugar, es aquí donde encontramos la gran Nohoch Mulo, la única pirámide que actualmente se puede subir y la más alta de la Península de Yucatán. Y de verdad que vale la pena, una vez arriba, la vista de la jungla es magnífica e inacabable mires donde mires. Y en contra de las opiniones que he leí antes del viaje, no hay ningún problema con las escaleras.    Si me permitís el orgullo de madre, diré que mi hija la subió y bajó como una campeona. Tenía entonces 5 años.
Salimos tranquilamente hacia Valladolid. No lo he dicho, pero conducir por esta zona de México es una delicia. Las carreteras son anchas y rectas, y en contra del que yo pensaba (ay, otro vez los preconceptos...) la gente es muy respetuosa al volante. Es frecuente cruzarte con “bellas glorias” que no sabes ni cómo se aguantan. En este caso, sin tenerlo que pedir, sencillamente se apartan.
A la hora de comer paramos en un poblado maya donde nos preparan unos pollos fritos. A pocos metros delante nuestro, unos niños venden frutos secos bajo un sol abrasador.  Gabriel y Queralt muestran curiosidad por su actividad, por la finalidad del dinero que obtengan, por si van o no a la escuela ... Me alegro de su curiosidad, especialmente si esto les hace entender que la realidad de muchos niños no corresponde a su plácida niñez. Deciden acercarse y, tímidamente primero y entre risas más tarde, acaban divirtiéndose juntos.
De seguida llegamos a Valladolid.   Una pequeña y agradable ciudad colombina llena de color donde aprovechamos para parar un rato.
A media tarde llegamos a Akumal.

Día 8: Akumal

Akumal significa Lugar de Tortugas y en cuando llegas te das cuenta rápidamente porqué. En sus playas anidan dos especies de tortugas; la Tortuga Verde y la Tortuga Caguama. Al igual que el resto de especies de tortugas marinas, se encuentran en peligro de extinción. Es por eso que en Akumal la sensibilización ecológica y de conservación es muy alta y está apoyada por programas gubernamentales. Así, esta riqueza marina se nos muestra en todo su esplendor.
Equipados con unas simple gafas de buceo, la prístina transparencia de sus aguas nos permite disfrutar de este animales en su hábitat prácticamente desde la orilla. Se crea un clima de convivencia entre el hombre y la naturaleza muy difícil de encontrar en otro lugar del mundo. La única condición es observarlas sin molestarlas. Ellas nadan, salen a respirar ... mientras nosotros en la superficie, tan sólo nos tenemos que relajarnos y contemplar.
Además, el hecho de  que la  temperatura del agua sea de 28 grados,  permite disfrutar de este espectáculo todo el día ININTERRUMPIDAMENTE.
Y por si esto no bastara, a pocos metros de la playa (tan pocos que se puede ir andando), se encuentra la barrera coralina. Aquí se reúne el acuario caribeño. Toda la vida marina acumulada en esta franja donde puede ser admirada sin  problema ni peligro : rayas, peces cofre, peces globo, peces loro ... incluso pequeñas barracudas. No nos decidimos a salir del agua hasta que anochece. Ha sido una inmejorable lección de “medio natural” para los niños …

Día 9: Akumal-Mahahual

Otra vez esta sensación de tristeza y expectación unidas ... Cada lugar que dejamos atrás parece que sea imposible de superar y en cambio nos encontramos gratamente sorprendidos por el siguiente... Tomamos pues dirección hacia el Sur.
Una breve pincelada acerca de Mahahual: se trata de un recóndito pueblo de pescadores, situado a la costa caribeña, rodeado por grandes extensiones de selva virgen y a 140 km de la frontera de Belice. Su principal atractivo es su proximidad a Bancho Chichorro, un atolón coralino declarado reserva natural que forma parte de la segunda barrera coralina más grande del mundo, después de la gran barrera de coral de Australia.
Sólo llegar notamos como ha subido la temperatura.. El pueblo es muy pequeño, poco más de 4 casas y un paseo donde se concentran los restaurantes típicos de la zona. Nos instalamos en el hotel. Éste, delante mismo de la playa, es realmente acogedor. Hemos decidido que  Gabriel se saque aquí la titulación de buceo y por lo tanto nos dirigimos a contactar con la escuela.
Desde el primer momento, la relación con la gente del centro de buceo es inmejorable. De hecho, es aquí en Mahahual –quizás por el hecho de estar más días- donde me doy cuenta que incluso la imagen que tenía de los mexicanos era errónea. Yo los tenía catalogados como gente ruda, violenta, machista ... Incluso tengo que reconocer que ir con los niños no me hacía demasiada gracia.. Y una vez más: qué diferente a la realidad que me encontré. En pocos países del mundo me he sentido tan a gusto. En pocos países he dejado de sentirme “turista”.
Así pues, cuando quedamos que el día siguiente, mientras en Gabriel empezaba su curso, nosotros saldríamos a bucear y Queralt se quedaría jugando con la mujer del instructor ...nos pareció perfecto. Y FUE PERFECTO.

Día 10 i 11: Mahahual

Al recordar los días siguientes no puedo evitar emocionarme. Es difícil que en un viaje, especialmente con niños, todo el mundo disfrute tanto como lo hicimos nosotros.
Empezaré por Gabriel. Ya he dicho que tiene 11 años. Y siempre he pensado que en este viaje creció. Dio un paso adelante hacia su madurez. Lo vi tan feliz ... De buena mañana, salía solo del hotel hacia el centro. Lo acogieron como un “compañero-colega” más y esto a él lo hacía sentirse mayor y responsable. Empezaban dando clase teórica, preparaban el equipo de inmersión, salían a hacer las prácticas mar adentro, al volver comían juntos comentando las aventuras subacuáticas del día … y volvía al atardecer con una expresión en el rostro como nunca le había visto antes. Entró en un mundo desconocido para él. Vio todo tipo de animales marinos y vivió experiencias que le han abierto todo un mundo nuevo de posibilidades y sobre todo de inquietudes. El último día me dijo, entre radiante y emocionado, que había sido el mejor viaje de su vida. Y se fue de allá con título de Junior Open Water debajo el brazo sin dejar de preguntar cuando podía volver a sumergirse.
Queralt tan solo tenia 5 años entonces, por tanto sus actividades habían de limitarse a “la superficie”.   Como os he dicho, por las mañanas se quedaba (encantadísima) con la mujer del instructor de buceo, quien resultó ser encantadora y con quien hemos creado unos sinceros lazos de amistad.
Y así, con este idílico panorama,¿ qué podíamos hacer nosotros ? Pues explotar al 100% la riqueza de esta zona y disfrutarla por debajo del mar. Con los niños contentos y entretenidos, a primera hora, sin prisa, nos dirigíamos mar adentro. había todo un mundo submarino por descubrir. Un mundo con una riqueza como en pocos lugares puedes encontrar : la barrera coralina, toda la fauna que en ella se concentra, las formaciones de pasillos rocosos por donde si filtraba la luz del sol ...
¿Suena bien, no?
Una vez acabadas las inmersiones de la mañana, una comida tranquila y una relajada tarde de playa …
Al cuarto día, estrenamos la titulación de Gabriel con una primera inmersión conjunta.  En Banco Chinchorro, la segunda barrera coralina más grande del mundo.

Día 12. Mahahual – Laguna Bacalar – Mahahual

A pesar del encanto de Mahahual, no podemos resistir la tentación hacer una escapada a la Laguna de Bacalar, popularmente conocida como la Laguna de los Siete Colores. Esta denominación es debida a que se pueden distinguir en ella siete tonalidades diferentes de azules. La razón es que está formada por siete diferentes cenotes, las aguas de los cuales se desbordaron y formaron una única laguna. De forma alargada, 42 km de largo y tan sólo 2 de ancho, es de una belleza única y a medida que la vas recorriendo vas apreciando los cambios de las tonalidades que se hacen más evidentes en función de la incidencia de la intensidad de la luz.
De estos cenotes, el más conocido y el más apreciado para el buceo es el llamado Cenote Azul. Se trata de un lugar que ofrece la belleza mística de los grandes cenotes. Tiene forma de una pequeña laguna rodeada de vegetación selvática, excepto la boca que comunica con Laguna de Bacalar. Es un lugar fuera de serie por el buceo, pues aunque no tiene una espectacular visibilidad, posee intrincados laberintos de raíces y troncos enlazados y sobrepuestos, agujeros de varias medidas y todo tipos de formaciones rocosas.
A media tarde regresamos a Mahahual.

Día 13: Mahahual – Punta Allen – Playa del Carmen

Ahora sí que empieza el regreso.  Pero de camino hacia Playa del Carmen, queremos pasar por Punta Allen.
Punta Allen se encuentra en el extremo Sur de la Riviera Maya, siendo el turismo todavía incipiente y enfocado principalmente al interés ecológico de la zona. Es considerado un lugar ideal por el descanso, la práctica de deportes acuáticos y sobre todo, el contacto con la naturaleza en un estado puro. De difícil acceso, pues tan sólo se llega a través de un tortuoso camino de tierra lleno de baches, es indispensable disponer de un vehículo 4x4 .
Aunque hemos tenido la suerte de ver todo tipo de animales a lo largo del viaje, especialmente marinos, el principal objetivo de llegar a Punta Allen son los manatís. Este es un mamífero marino que habita las aguas poco profundas y manglares, de Norte-América, Centro-América y Sud-América, y es relativamente fácil ver a la costa de Punta Allen.
Después de pasar un buen rato saltando dentro del 4x4, llegamos a nuestro destino. Contactamos con el propietario de la lancha con la que recorreremos los manglares, única manera de visitar la zona.
A bordo de una semi-rígida, empezamos a explorar la zona. Una vez más, la compañía no se hace esperar; aparecen los delfines y las mantas, ahora las gigantes , dada la transparencia del agua se entrevén a nuestro lado.
Y aunque nunca dejarán de maravillarnos, hoy nuestro objetivo son los manatís. Así que, con el motor de la barca apagado, nos dejamos llevar por la corriente a la zona más cercana a la costa. No pasa mucho tiempo hasta que aparece la primera hembra con una cría. Inmensa y tierna a la vez, nos mira respetuosa, pasa a escasos metros de la barca y sigue su camino.
La cría no se entretiene y nada sin separarse de la madre. Más adelante, algo más protegidos por la vegetación, un grupo de tres machos nadan tranquilamente emergiendo de vez en cuando  para respirar. En estos momentos, el silencio es absoluto, sólo roto por el canto de alguna ave. Sin movernos en absoluto los vemos aparecer de vez en cuando al nuestro alrededor, la quietud les da confianza … Después de un rato de observación, seguimos camino dado que no queremos despedirnos de México sin bucear una última vez en la barrera de coral que hay unos 200 m. mar adentro.

Día 14: Playa del Carmen – Cancún – Barcelona

De regreso a Playa del Carmen, donde comenzó esta aventura.   Parece que fue ayer, y hemos vivido tantas experiencias...
Esta tarde cogeremos el avión de regreso, así que aprovechamos estas últimas horas en  Playa para hacer un par de compras.  Tal como comenté al inicio del relato, la zona central de esta ciudad está destinada a la zona comercial.  De hecho, al igual que en New York,  las calles están enumeradas.   Y también encontramos la  5a Avenida,  arteria principal que atraviesa la ciudad Se trata de tiendas libres de impuestos donde puedes a comprar, en caso que te interese,  todo tipo de artículos a buen precio.
Comprar o pasear o tomar el último margarita frente al mar ... y hacia el aeropuerto.

I así, una vez más, debemos asumir que el viaje ha terminado.
Hemos recorrido la jungla, nos hemos bañado en cenotes, hemos compartido el propio hábitat de los gigantes marinos … es difícil asimilar tantas vivencias concentradas en tan solo dos semanas…
Ante la tristeza de los niños, la misma que yo siento pero me veo obligada a disimular, no tengo más remedio que prometerles que pronto regresaremos.    Pero de hecho, ¿a quien quiero engañar? Me lo estoy prometiendo a mi misma.
Afortunadamente supe aparcar los prejuicios y tuve el acierto de dejar que la vida me sorprendiera.