Introducción
Para todos aquellos que viajar es una pasión, su planificación es el objetivo que te llena la vida. Se invierte no tan sólo dinero sino una extrema dosis de ilusión. En este caso era también un reto dado la edad de los niños; Gabriel tenía 8 y Queralt, 3 años cuando decidimos cruzar Argentina. Por ello, tuvimos que dejar pasar 3 años mientras ellos crecían y nosotros madurábamos, el cómo y de qué manera.
La idea inicial era hacer las típicas escalas de aeropuerto en aeropuerto. Pero después de la experiencia en México con Yucatán Extreme, y dado que ellos iban a abrir ruta en Argentina, decidimos dejarnos aconsejar y realizar esta odisea en 4X4 acompañándoles en su expedición, ahorrándonos así las interminables esperas en aeropuertos, especialmente en los argentinos, famosos por sus retrasos y cancelaciones.
Desde el primer momento teníamos claro que lo más importante no eran los destinos eminentemente turísticos si no el hecho de atravesar un país tan extenso; poder apreciar los cambios de paisaje, de climas e, incluso las variaciones de intensidad de la luz a medida que nos alejábamos del trópico y nos acercábamos a Pol Sur.
Este no es sólo un relato de un viaje; es una oda a una ilusión y, sobre todo, a la paciencia de dos niños que han demostrado ya, ser dos grandes viajeros.
Fecha
Del 1 al 23 de noviembre 2011
Itinerario
Día 1. Barcelona-Rio de Janeiro
Día 2. Rio de Janeiro
Día 4. Buenos Aires
Día 5. Buenos Aires- Bahía Blanca
Día 6. Bahía Blanca-Puerto Pirámides
Día 7. Península Valdés
Día 8. Puerto Pirámides
Día 9.Puerto Pirámides- San Julián
Día 10. San Julián- El Calafate
Día 11. El Calafate
Día 12. El Calafate
Día 13. El Calafate-El Chaltén
Día 14. El Chaltén-Los Antiguos
Día 15. Los Antiguos -Esquel
Día 16. Esquel
Día 17. Esquel-Bariloche
Día 18. Bariloche-Guaminí
Día 19. Guaminí-Buenos Aires
Día 20. Buenos Aires-Iguazú
Día 21. Iguazú
Día 22. Iguazú
Día 23. Iguazú-Barcelona
Día 1. Barcelona-Rio de Janeiro
Como pasa con todos los destinos lejanos, el primer día es un inacabable viaje de Barcelona a Río de Janeiro, haciendo una breve escalera a Roma.
Día 2 Rio de Janeiro
Llegamos de buena mañana a Rio. El cielo está prácticamente cubierto, hecho que rompe con la imagen que siempre hemos tenido de esta ciudad. Dado que disponemos de poco tiempo para visitarla, dejamos el equipaje en la Pousada y salimos a recorrer los tópicos imprescindibles para cualquiera que viaje a Rio: el Pan de Azúcar, Ipanema, Copacabana, el Corcovado... y el estadio de Maracaná. Queremos vivir el pálpito de la ciudad, por ello nos movemos en transporte público, como cualquier carioca más.
Día 3. Rio de Janeiro-Buenos Aires
De buena mañana nos acercamos al barrio de Lapa para conocer el centro histórico de la ciudad; Los Arcos, el Teatro Municipal, la Biblioteca y también la nueva pero espectacular Catedral de San Pablo. Por la tarde cogemos el vuelo hasta Buenos Aires, esta vez con Aerolíneas Argentinas.
En Buenos Aires nos alojamos en un céntrico hotel. Nuestra intención es hacer una rápida visita a la ciudad para poder disfrutar del espíritu bonaerense; el pintoresco barrio de Caminito, el nuevo Puerto Madero, la tristemente conocida Plaza de Mayo, Boca y su mundialmente famoso estadio de fútbol… Por la noche no podemos dejar de asistir a una milonga, no queremos una “turistada” y por eso buscamos una de las muchas donde va la gente de la ciudad a bailar el que posiblemente es, el baile más famoso del mundo.
Día 5. Buenos Aires-Bahía Blanca
Por fin llega el día esperado, tomamos posesión del coche que nos permitirá cruzar el país. Sentimos que finalmente empieza el viaje. Dado que nuestro primer destino es Puerto Pirámides, en Península Valdés, y nos separan 1300 km., nos ponemos en marcha a través de la Ruta 3, recorriendo 600 km hasta Bahía Blanca.
Pronto nos percatamos de una sensación que nos acompañara durante el trayecto hasta el Sur, y que en ningún caso hubiéramos podido imaginar aunque nos lo hubieran explicado. Dada la inexistencia de montañas, el terreno tiene tan sólo unas suaves oscilaciones que, unido a su despoblación, hace que durante cientos y cientos de kilómetros, la visión sea general y absoluta mires donde mires. Así, a medida que vamos avanzando, podemos ver todo un espectáculo en el horizonte, que más que un horizonte, es un gigantesco anfiteatro. Y así, simultáneamente, podemos admirar las cortinas de agua producidas por las tormentas al Este, mientras que el sol radiante brilla al Oeste formando gigantescos arco iris que empiezan a ras de suelo y sin desdibujarse un ápice, vuelven a hundirse por el otro extremo, nuevamente a ras de suelo, en la inmensidad de este horizonte. Tenemos una visión de 360º. A medida que el día avanzaba, a la derecha admirábamos la puesta de sol, al mismo tiempo la luna hacia acto de presencia... . Impresionados por tanta grandeza, llegamos a Bahía Blanca, con ganas de acostarnos lo antes posible para poder salir pronto el día siguiente.
Día 6. Bahía Blanca-Península Valdés
Nuevamente en marcha, tenemos ganas de llegar a Península Valdés. Nos sorprende el hecho de que, a pesar de las grandes distancias a recorrer, los trayectos no están resultando en absoluto pesados; la principal razón es que las rutas argentinas que bordean la costa atlántica tienen unas rectas inacabables que nos permiten “devorar” kilómetros fácilmente y al mismo tiempo, poder admirar el paisaje. A medida que nos alejamos del Norte, las provincias se van volviendo más despobladas. Cosa inaudita para la mentalidad europea, pasamos horas sin ver ni un solo lugar habitado, ya no hablamos de pueblos.
Cómo ya veníamos preparados para tal eventualidad, traemos comida y agua y sobre todo, tenemos la previsión de poner gasolina siempre que podemos. No tan sólo hay pocas gasolineras, si no que en muchas de ellas, cuando finalmente encontramos alguna, no hay gasolina.
Por la tarde llegamos a Península Valdés. Como en todos los parques naturales, los adultos tenemos que pagar entrada. Vamos directamente hacia Puerto Pirámides, un pequeño y acogedor pueblo de pescadores que en los últimos años ha conocido el filón turístico, del paso de la ballena austral, sin perder su encanto.
Por la tarde llegamos a Península Valdés. Como en todos los parques naturales, los adultos tenemos que pagar entrada. Vamos directamente hacia Puerto Pirámides, un pequeño y acogedor pueblo de pescadores que en los últimos años ha conocido el filón turístico, del paso de la ballena austral, sin perder su encanto.
Día 7 Península Valdés
El principal atractivo de Península Valdés es su ecosistema. Unida al continente por el istmo Carlos Ameghino, es la reserva faunística más grande de Argentina; la ballena austral, los pingüinos, las orcas y los lobos marinos son los principales atractivos de la zona. Pero no son los únicos. De buena mañana nos pusimos en marcha dispuestos a recorrer la península. Desde Punta Norte a Punta Delgada, de aspecto desértico, es un área natural protegida dónde es fácil cruzarse con manadas de guanacos, zorros, choiques, además de los rebaños que pertenecen a las estancias rurales y campan libremente por el parque.
Cualquier desnivel del terreno es bueno para hacer una parada y observar la inmensidad del océano buscando las orcas acercándose a la playa para cazar focas o leones marinos. Y por supuesto, para divisar la estrella; la gran ballena austral. Patrimonio Natural de Argentina.
Cualquier desnivel del terreno es bueno para hacer una parada y observar la inmensidad del océano buscando las orcas acercándose a la playa para cazar focas o leones marinos. Y por supuesto, para divisar la estrella; la gran ballena austral. Patrimonio Natural de Argentina.
Día 8 Puerto Pirámides
Después de disfrutar de la zona por tierra, hoy nos disponemos a hacerlo desde el mar. Tanto por dentro como por fuera. Dado que las ballenas son el principal atractivo de la zona, tanto por el simple hecho de poder ver un animal tan espectacular como por la gran cantidad que hay en esta época en la península, queremos hacerlo no tan sólo por encima del agua; método habitual de avistamiento de las ballenas, en embarcaciones, sino también por debajo.
Poder convivir, ni que sea por un rato, en el propio hábitat de estos gigantes marinos, es una de los hitos de este viaje. Esta idea nos acompaña desde México después de la experiencia con el tiburón ballena y, aunque ya sabemos que, tanto la inmersión como el snorkel con ballenas está prohibido, lo que no va contra de la ley es hacer inmersión a la bahía dónde, en esta época del año, hay contabilizadas 1.600, entre hembras y crías.
Su presencia en esta época del año en Península Valdés es precisamente la de fortalecer las crías y prepararlas por el inminente viaje en la Antártida a donde ya han llegado los machos. Por lo tanto, la bahía hierve de vida y posiblemente nunca volveremos a tener una oportunidad como ésta para poder bucear con ellas.
Poder convivir, ni que sea por un rato, en el propio hábitat de estos gigantes marinos, es una de los hitos de este viaje. Esta idea nos acompaña desde México después de la experiencia con el tiburón ballena y, aunque ya sabemos que, tanto la inmersión como el snorkel con ballenas está prohibido, lo que no va contra de la ley es hacer inmersión a la bahía dónde, en esta época del año, hay contabilizadas 1.600, entre hembras y crías.
Su presencia en esta época del año en Península Valdés es precisamente la de fortalecer las crías y prepararlas por el inminente viaje en la Antártida a donde ya han llegado los machos. Por lo tanto, la bahía hierve de vida y posiblemente nunca volveremos a tener una oportunidad como ésta para poder bucear con ellas.
Día 9 Puerto Pirámides
Esta mañana se ha despertado gris y con el habitual viento que caracteriza la Patagonia, ahora entendemos porqué el encargado del centro de buceo nos ha citado a las diez y media. Necesitamos que el sol nos caliente puesto que el agua está a 11 grados. Me preocupa Gabriel, con tan sólo 11 años ha demostrado un admirable control bajo el agua, pero no está acostumbrado a esta temperatura. En cualquier caso, al igual que a nosotros, le puede el deseo y la inquietud por lo qué podamos encontrar. Y así, equipados con un simple “semi seco” dado que aquí no disponen de otro cosa, nos tiramos al agua. Enseguida me doy cuenta que aquello no será fácil. Está simplemente helada.
De repente, el sonido de las burbujas de nuestros reguladores queda momentáneamente mitigado por un ruido estridente. Todos sabemos lo que significa; una ballena austral está cerca. A medida que seguimos ganando profundidad en la dirección de los sonidos que nos llegan, la temperatura sigue bajando y, a cada movimiento, el agua que se nos filtra, hace que nuestra temperatura corporal descienda. De repente la poca luz de aquellas aguas disminuye. Detrás nuestro, dos sombras; nos acercamos... y ahí están! Una madre y una cría. Por encima de nuestras cabezas, nadan lentamente la una junto a la otra. En aquel momento el tiempo se para. Y se nos olvida el frío. Y prácticamente se nos olvida respirar.
Mientras observamos la magnificencia de sus movimientos; tranquilos los de la hembra, juguetones los de la cría, sentimos que cualquier esfuerzo que nos haya costado llegar hasta aquí, a 20m bajo las frías aguas de la Patagonia, han valido la pena. Después de un rato observándolas, se alejan hacia la entrada de la bahía. Por otro lado, nuestra temperatura corporal que ha seguido bajando y nos obliga a finalizar la inmersión. Desgraciadamente tenemos que salir pero no nos importa pues hemos vivido una experiencia al alcance de pocos mortales.
Emergemos pues, pero todavía no ha acabado nuestro flirteo con las ballenas. La manera habitual de divisarlas en Península Valdés es adentrarse en la bahía en lancha. Así pues, a bordo de una semi-rígida salimos nuevamente a disfrutar de ellas. Después de aproximadamente 15’ de navegación, los motores se paran y ... empieza el espectáculo : primero un lomo, seguidamente una cola, ahora una se acerca a la lancha, el sonido de los espiráculos cuando expulsan el agua ... mires donde mires, en una perspectiva de 360º , ballenas por todas partes ... El espectáculo es sobrecogedor. Una vez acabado el avistamiento desde el mar, nos preparamos para ponernos en marcha el día siguiente a primera hora de la mañana.
Día 9 Península Valdés-San Julián
800 km en dirección Sur en dirección a El Calafate. Cada vez hay menos densidad de población, en este tramo, prácticamente toda está concentrada en Comodoro Rivadavia. Ha sido un acierto traer comida y bebida. Al atardecer llegamos a San Julián.
Día 10. San Julián-El Cafalate
A pesar de que todo el mundo nos aconseja seguir por la Ruta 3 hasta Rio Gallegos (600 km hasta el destino), nosotros optamos para coger el atajo de la Ruta 9. Pronto entendemos porqué los argentinos lo denominan “la cortada” y sobre todo, porque a la entrada hay un cartel que pone “Carretera intransitable”. No es por terquedad, ni siquiera por los 300 km que nos ahorramos, pensamos que atravesar del atlántico a la cordillera andina por la carretera de ripio más salvaje de Argentina debe tener forzosamente grandes alicientes. Y realmente, así es. Pronto nos empiezan a cruzar por la ruta las manadas de guanacos, que nos acompañarán todo el trayecto. Las vistas son espectaculares, más todavía cuando ante nosotros aparecen las montañas andinas.
Pero evidentemente también pagamos el precio de nuestro atrevimiento; la primera rueda pinchada.
Todavía nos quedan 200 km de ripio y, evidentemente ninguna “gomeria” donde arreglarla. Cruzamos los dedos... El paisaje es cada vez más montañoso y radicalmente opuesto al que nos ha acompañado desde Buenos Aires.
Todavía nos quedan 200 km de ripio y, evidentemente ninguna “gomeria” donde arreglarla. Cruzamos los dedos... El paisaje es cada vez más montañoso y radicalmente opuesto al que nos ha acompañado desde Buenos Aires.
Finalmente, aparecen las primeras casas de El Calafate. Momento en que nos damos cuenta de que tenemos otra rueda pinchada...
Día 11. El Calafate
Pero precisamente por el tiempo que llevamos deseando verlo, queremos retrasarlo y darle un punto de solemnidad al momento. Así pues, dejamos el coche y empezamos a trepar una montaña cercana para intentar divisarlo desde lo alto. Media hora después, arrastrando a Queralt (pobrecita, tan sólo tiene 6 años) y arañados por la vegetación, obtenemos la recompensa: el llamado Velo de Novia de uno de los glaciares más famosos del mundo, se extiende ante nosotros.
Pero aquella primera visión desde la cima de la montaña, formará parte para siempre de nuestro patrimonio personal. Momentos que perduran.
Día 12. El Calafate
“Navegación entre glaciares” es como se denomina el recorrido en barco que hemos elegido para este día.
Es la única manera de llegar a los glaciares de Upsala y Spegazzini. Este glaciar es el que tiene las paredes más altas de todos los del Parque; 136m de altura. Imponente. Pero más imponente es el desprendimiento con que nos obsequió en el mismo momento que nos situamos ante él. Todavía retumbaba el trueno producido por el crujido del hielo al desprenderse, a medida que las olas levantadas por el impacto del hielo mecían el barco como si se tratara de un pequeño tsunami.
Día 13. El Calafate-El Chaltén
El Chaltén es un pequeño pueblo fundado en medio del Parque Natural de Los Glaciares, al pie del Fitz Roy, el pico más conocido y principal reclamo de la zona por parte de los aficionados a los deportes de montaña. Por desgracia, cuando llegamos está totalmente cubierto por las nubes. Con la esperanza de despeje y podamos admirarlo ni que sea desde su base, nos dedicamos a recorrer el Parque Natural. Entre los diferentes atractivos naturales de la zona encontramos el Cerro Torre, el Campo de Hielo Patagónico, el Glaciar Piedras Blancas, el Glaciar Viedma y por supuesto, el Lago del Desierto. Toda la ruta transcurre resiguiendo el curso del serpenteante Rio de las Vueltas. Aunque es el destino soñado por los amantes de treking y la escalada, el entorno del parque por sí solo tiene alicientes más que suficientes para quienes, como nosotros, tan solo quieran disfrutar del paisaje.
Día 14. El Chaltén-Los Antiguos
Hoy haremos el último tramo de ripio por la mítica Ruta 40. Y como no podía ser de otra manera, nos tenemos que despedir de manera sonada.
Salimos de El Chaltén con poca gasolina puesto que en la única gasolinera del pueblo no hay “nafta”, como le dicen en Argentina. Nos comentan que a Tres Lagos, a 120 km., encontraremos, pero una vez ahí, tan solo nos sirven 100 pesos dado que tienen poca y el resto la reservan para “la municipalidad”. No llega a medio depósito y empezamos a preocuparnos pues en adelante no tenemos noticias de que se pueda encontrar otra antes de 300 km. Unos 200 km. , más adelante y dado que estas rutas no se caracterizan por la cantidad de carteles indicadores, nos cruzamos con un camionero que nos comenta que si nos desviamos 20 km encontraremos una estancia donde tienen gasolina. Cara o cruz. Si nos desviamos ya no tenemos posibilidad de volver atrás, pero es tanta la seguridad que muestra nuestro informador que decidimos hacerle caso.
Y llegamos a la estancia. Y sí, hay gasolina, pero en un bidón cerrado en un armario. Ni un alma en kilómetros a la redonda y un cartel que dice “Vuelvo en unos días”. Ante la disyuntiva de sentarnos a esperar, seguir el viaje a pie o intentar coger la gasolina, nos decidimos por esta última opción. Forzando un poco la puerta del armario, conseguimos sacar el bidón. “Nos servimos” y dejamos el dinero equivalente esperando que cuando vuelva el dueño se haga cargo de que ha sido un caso desesperado.
Sin más trabas llegamos a Los Antiguos, un bonito pueblo al pie de otro lago, el Buenos Aires, justo en la frontera con Chile.
Sin más trabas llegamos a Los Antiguos, un bonito pueblo al pie de otro lago, el Buenos Aires, justo en la frontera con Chile.
Día 15. Los Antiguos-Esquel
Seguimos paralelos a los Andes atravesando un mosaico de lagos que nos acompañarán hasta el norte del país. Después de 800 km por la Ruta 40, ahora ya asfaltada, llegamos a Esquel. Es una tranquilla ciudad turística, punto de partida de las rutas de autobuses que van a Península Valdés, El Calafate, Bariloche. .. Al igual que todas las pequeñas ciudades argentinas, no hay ningún edificio de más de un piso de altura. El terreno no es problema para los argentinos y por tanto, son poblaciones que se esparcen en horizontal y no en vertical, donde las calles son anchas, rectas y de fácil orientación. Nos instalamos y aprovechamos para planificar el plan del día siguiente.
Día 16. Esquel
Por la tarde, decidimos hacer una cabalgada por las cercanías y poder admirar la zona desde uno de los cerros que rodean la ciudad. Aunque no nos da tiempo, hay la posibilidad de hacer rutas a caballo de todo el día, en este caso, cada cual de los jinetes lleva una parte de lo que será un típico churrasco para comer. En el más puro estilo gaucho.
Día 17. Esque-Bariloche
Por desgracia el siguiente destino, Bariloche y el famoso Cerro Tronador tiene que ser pospuesto para una próxima ocasión. Las cenizas del volcán chileno Puyehue llenan un radio de más de 200 km, haciendo la zona poco aconsejable (y prácticamente invisible) especialmente para los niños. Así pues, tenemos que seguir camino sin ni tan solo parar.
El paisaje que se intuye bucólico, se nos muestra siniestro, la sensación es de estar inmersos en una niebla espesa, de circular por una carretera donde hace unos días nevó y los laterales de la calzada se tiñen de nieve ennegrecida por el tránsito, pero el aire es seco y no podemos evitar parar para tocar esos montículos grises, su tacto es similar al talco, nos entristece pensar cómo puede llegar a afectar todo eso en el ecosistema.
Dejamos atrás los andes y la espesa nube de cenizas, volvemos a estar en La Pampa, el horizonte se trasforma, y aquella visión de inmensidad vuelve a mostrarse ante nosotros, averiguamos donde están las estancias y poblados buscando peñas arboledas en la distancia.
Día 18. Bariloche- Guaminí
Antes de continuar el viaje, dirección Buenos Aires, nos deleitamos con la visión del lago artificial más grande de Argentina. Este emplazamiento fue construido con el fin de ser el portal de la Patagonia a los lagos del sur. Se nos hace curioso observar como en un lago, la playa está plagada de sombrillas más propias del Caribe que de estas latitudes y que unos de los deportes en auge es el kitesurf.
Continuamos atravesando La Pampa, ahora ya más verde, hemos dejado atrás las áridas tierras de la Patagonia y disfrutamos a ambos lados de la carretera de verdes prados que se pierden en el horizonte, tan solo las arboledas que delimitan el cauce del río nos impiden ver más allá.
Finalmente llegamos a nuestro destino, Guaminí, capital del pejerrey, nos encontramos en una zona de lagunas enlazadas donde la pesca del pejerrey es el deporte de la zona. En las orillas de la laguna volvemos a sentirnos como si estuviéramos frente al mar .
Día 19. Guaminí-Buenos Aires
Último tramo del trayecto en coche. Es curioso como después de darle la vuelta a Argentina, y estando a punto de cerrar el círculo, las vistas nos siguen impresionando. No sé si por la tristeza de que el viaje llega a su fin, pero aun viendo los mismos paisajes que nos deslumbraron en nuestra llegada, seguimos diciendo mira allí, has visto ese cielo?, fíjate que visión..., es impresionante tanta grandeza.
Día 20. Buenos Aires-Iguazú
Hay que asimilar todo aquello visto y vivido, y también hay que acabar el viaje con un destino que esté a la altura. Por eso hemos elegido Iguazú. Tengo que reconocer que, a pesar de ser consideradas unas de las 7 maravillas naturales del mundo, me sentía reacia dado que estos lugares eminentemente turísticos siempre me despiertan inquietudes.
Pero en este caso no fue así. En el mismo momento en que bajamos del avión ya sentimos en la piel que estábamos al trópico. La intensidad de la luz, la humedad del ambiente, la exuberancia de la vegetación, los sonidos de los pájaros ... El día era espléndido y nos dirigimos hacia Puerto Iguazú, en la parte Argentina. Un pueblo de tierra más que cobriza, puramente roja y que, evidentemente, vive exclusivamente del turismo. A pesar de todo, quizás debido a la época, no teníamos la sensación de “turistada”. Nos situamos, estudiamos posibilidades y decidimos el plan a seguir durante los 2 próximos días.
Día 21. Iguazú. Lado argentino
Nuestro primer destino es la Garganta del Diablo. El salto estrella por excelencia . Y una vez más nos tenemos que rendir a la evidencia; es magnífico.
La perspectiva es única; situados al mismo nivel donde empieza el salto, la idea que me viene a la cabeza es la antigua creencia de los “navegantes y los abismos” pues la tierra se abre literalmente ante nosotros y el río Iguazú, entero, se desploma 82 metros más abajo. Se te corta el aliento y te faltan ojos para poder apreciar tanta belleza. Y piensas que ya no puedes ver nada mejor y que tan sólo por este espectáculo ha valido la pena venir hasta este recóndito lugar de la región de Misiones. Pero pronto te das cuenta que también los otros saltos, 274 en total, desde cada una de las perspectivas, merecen la consideración de Patrimonio Natural de la Humanidad.
Pero esto no es todo. Todas las noticias previas a nuestra visita en esta zona apuntaban a que la “zona brasileña” era menos interesante. Más panorámica pero con una visión más lejana. De hecho, hay mucha gente que tan sólo visita el parque natural argentino. Qué gran error. Y qué grata sorpresa tuvimos cuando llegamos a este parque.
A pesar de que todo el día estuvo lloviendo como tan sólo sabe hacerlo en el trópico, nos quedamos una vez más embobados por el espectáculo. Pero no tal sólo el paisaje nos dejó impresionados. Aquí, los brasileños nos obsequiaron con un constante paseo por pasarelas que llevaban directamente encima de los saltos; LITERALMENTE TE SITÚAS ENCIMA DE ELLOS.
Así, no tan sólo la naturaleza hace del lugar un espectáculo irrepetible, la mano del hombre se encarga de hacerte vivir desde una perspectiva no apta para todo aquel que tenga el más mínimo atisbo de vértigo. Así pues, hemos acertado. Iguazú ha sido el broche de oro para un viaje tan largamente esperado.
Del Trópico al Fin del Mundo. Atravesando las regiones de La Pampa, Rio Negro, Chubut, Santa Cruz...
Del Fin del Mundo a Iguazú. Buscando ballenas, navegando entre témpanos, lagos y glaciares...
